Cosas bonitas

Con las prisas, el camino siempre parece más largo. Pepe

10 de agosto de 2014

Boca de llanto

 
 
Boca de llanto, me llaman
tus pupilas negras,
me reclaman. Tus labios
sin ti me besan.
¡Cómo has podido tener
la misma mirada negra
con esos ojos
que ahora llevas!

Sonreíste. ¡Qué silencio,
qué falta de fiesta!
¡Cómo me puse a buscarte
en tu sonrisa, cabeza
de tierra,
labios de tristeza!

No lloras, no llorarías
aunque quisieras;
tienes el rostro apagado
de las ciegas.

Puedes reír. Yo te dejo
reír, aunque no puedas.
 
Jaime Sabines

8 de agosto de 2014

Añoranza

Sacada de la página del autor.

 
Añorarte a diario es mi tarea,
envidiable quehacer el que mantengo;
de la mente al sentido voy y vengo,
te piensa aquélla y éste te desea.

Mi imperceptible abrazo te bordea,
e indefinidamente te retengo
para obtener de ti lo que no obtengo,
contacto, impulso, todo pura idea.

De mis dos corazones, el primero
no cesa de sangrar, mientras espero
la fecha en que el destino nos reúna.

El otro corazón, el subalterno,
late también por ti, tiene su infierno
de inútil rigidez inoportuna.

Francisco Álvarez Hidalgo

9 de julio de 2014

Momentos



  • Sólo lee y déjate llevar, siente la avidez y la profunda necesidad de tocar, usa tu imaginación y.... tras leerlo cierra tus cautivadores ojos oscuros y deja que mis palabras te acaricien.
    Estoy a tu lado. Percibo el olor especiado de tu piel. Siente mis manos quitándote la chaqueta y mis dedos enredando en el nudo de tu corbata.... Me gusta juguetear con ella, la deslizo por mi cuello, dejo que me beses. Mi cuerpo llama al tuyo.
    Mis uñas curiosas desabrochan los botones de tu camisa, dibujan caracolas de mar en tu pecho y tu vientre. La rigidez de tu sólido cuerpo no puede evitar que me aferre a tus hombros, ansiosa y desesperada por sentirte. Mi aliento calienta tu nuca y mi boca, ávida, recorre tu cuello.... Sujeto tu pelo mientras mi pulgar se detiene acariaciando tus labios. Mi lengua aprende todos sus ángulos. Me detengo en tu boca, llena y expresiva, creada para dar besos largos y abrasadores. Las lenguas se unen y se aprenden, se incendian los cuerpos. Los dientes delimitan fronteras que deseamos romper, los sabores se mezclan, la piel brilla, el pecho jadea... Las manos tiemblan, se deslizan sinuosas por tu espalda, cierro los ojos y la memorizo. Siento la tibia suavidad de tus pezones erectos, los dibujo con mi lengua, trazo círculos concéntricos y los lamo, los acaricio. Un torrente de fuego recorre mis venas. Percibo un deseo voraz en tus profundidades oscuras. Me gusta el olor de tu piel, el sabor de tus besos, las lineas que delimitan tu ser, la curva de tus hombros Siento tu virilidad contra mi cuerpo, crece, me llama, solicita mis caricias, arde, quiere mis labios a su lado y mi lengua descubriéndola. Jadeas cuando deslizo mi mano desde el pecho a la cintura... cuando me detengo en la cara interna de tus muslos y espero. Contraes todos tus músculos.....
    Por hoy es suficiente. La atracción que despiertas en mí va contra la razón. ¡Hace tanto tiempo que no me atrevo a cerrar los ojos con un hombre a mi lado! Te deseo con desesperación. Tal vez mañana continúe el relato e imagine cómo acaba.


    Anónimo

Costa de Laredo en Cantabria (España)

Después de todo -pero después de todo-
sólo se trata de acostarse juntos,
se trata de la carne,
de los cuerpos desnudos,
lámpara de la muerte en el mundo.

Gloria degollada, sobreviviente
del tiempo sordomudo,
mezquina paga de los que mueren juntos.

A la miseria del placer, eternidad,
condenaste la búsqueda, al injusto
fracaso encadenaste sed,
clavaste el corazón a un muro.

Se trata de mi cuerpo al que bendigo,
contra el que lucho,
el que ha de darme todo
en un silencio robusto
y el que se muere y mata a menudo.

Soledad, márcame con tu pie desnudo,
aprieta mi corazón como las uvas
y lléname la boca con su licor maduro.
Jaime Sabines

12 de junio de 2014

Mis interiores



El duende de tu deseo se asoma a mi ventana, está abierta esperándote, te siento cerca, cada vez más. Levantas las sábanas y me encuentras desnuda. Tu mirada lasciva me despierta. Gimo al sentir una mano cálida y fuerte que se desliza hacia mi cadera,mi cuerpo está enfebrecido por la necesidad. Nunca experimenté algo tan maravillosos como la sensación de tu cuerpo, deliciosamente duro, moviéndose sinuosamente contra el mío. El deseo se acrecienta. Recuerdo besos salvajes y ardientes y sin embargo extrañamente tiernos. Disfruto del agradable sabor de tu piel y saboreo la delicia de tu boca. Siento la contracción de tus músculos bajo mis manos. Te contemplo con avidez evidente. Seré tuya, susurro mientras nuestros cuerpos ruedan sin dejar de abrazarnos y tendida de espaldas te siento sobre mí. Me recorres con una mirada hambrienta y alzas tus manos hasta cubrir mis pechos. Me incitas con tus besos, muerdes mis labios ansiando mi lengua. Un suspiro escapa de mi garganta cuando tu mano se acerca para dibujar el costado de mi cuerpo y se pierde en su centro. Tus dedos me acarician, me penetran y hacen que arda, trazan círculos avivando un fuego que amenaza con consumirme. Abandonas mi boca por un instante, sólo para que pueda decirte cuánto te deseo. Deseo tenerte dentro y compartir contigo toda mi intimidad, me muerdo los labios con impaciencia. Hay heridas que se curan pronto, mas las cicatrices que dejas en mi cuerpo son eternas, nada ni nadie puede evitar que mi mente viaje a tu lado y se deje acariciar por tí. Me pongo de puntillas, quiero ver tus ojos frente a los míos. Me arden los labios por el deseo de besarte y me duelen las manos por el ansia de cariciar tu cuerpo. He despertado la bestia hambrienta que moraba en tu interior, esa parte tuya que ruge y me devora de la cabeza a los pies, centímetro a centímetro. Y me enloquece. Tu pecho se arquea para acoplarse en mi espalda, tus dedos trazan lineas infinitas en mi vientre. Pasas la noche conmigo, me abrazas y cuidas que mi sueño no se vea alterado por nadie. Me proteges. Y con las primeras luces del alba desapareces. Y quedo esperando que la misma armonía, con la que rectas y curvas se ordenan para crear tus proyectos, se detenga en tu mano para que me regales tus pensamientos.

Anónimo

11 de junio de 2014

Casida de la muchacha dorada



La muchacha dorada
se bañaba en el agua
y el agua se doraba.

Las algas y las ramas
en sombra la asombraban
y el ruiseñor cantaba
por la muchacha blanca.

Vino la noche clara,
turbia de plata mata,
con peladas montañas
bajo la brisa parda.

La muchacha mojada
era blanca en el agua,
y el agua, llamarada.

Vino el alba sin mancha,
con mil caras de vaca,
yerta y amortajada
con heladas guirnaldas.

La muchacha de lágrimas
se bañaba entre llamas,
y el ruiseñor lloraba
con las alas quemadas.

La muchacha dorada
era una blanca garza
y el agua la doraba.


Federico García Lorca



31 de mayo de 2014

Íntima locura

 
Fotografía copiada de la página del autor
Joven, esposa y madre: qué distante
tu beso respetable en la mejilla;
¿cómo explicar que el roce en la rodilla
más que fortuito fue intención galante?

¿Cómo, desde mi verso vacilante,
decirte que en mí llevo una semilla
con vocación fecunda de gavilla,
de amigo transformándose en amante?

Joven y madre, descuidada esposa,
desencantada de uno, y jubilosa
por quienes reproducen tu figura.

Dejé tus labios de mis besos llenos,
abrí tu blusa, acaricié tus senos,
y aún no conoces mi íntima locura.
Francisco Álvarez Hidalgo

28 de mayo de 2014

La Boca



Boca que arrastra mi boca:
boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.

Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.
Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos fúlgidos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.

Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astro que tiene tu boca
enmudecido y cerrado
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.

Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.

¡Cuánta boca enterrada,
sin boca, desenterramos!

Beso en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.

Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.

He de volverte a besar,
he de volver, hundo, caigo,
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
vida, muerte, amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.
Miguel Hernández


21 de mayo de 2014

Ayer



Ayer pasó el pasado lentamente
con su vacilación definitiva
sabiéndote infeliz y a la deriva
con tus dudas selladas en la frente

ayer pasó el pasado por el puente
y se llevó tu libertad cautiva
cambiando su silencio en carne viva
por tus leves alarmas de inocente

ayer pasó el pasado con su historia
y su deshilachada incertidumbre/
con su huella de espanto y de reproche

fue haciendo del dolor una costumbre
sembrando de fracasos tu memoria
y dejándote a solas con la noche.

 Mario Benedetti

20 de mayo de 2014

Veré por tí

 
 
«Me desconozco», dices; mas mira, ten por cierto
que a conocerse empieza el hombre cuando clama
«me desconozco», y llora;
entonces a sus ojos el corazón abierto
descubre de su vida la verdadera trama;
entonces es su aurora.

No, nadie se conoce, hasta que no le toca
La luz de un alma hermana que de lo eterno llega
y el fondo le ilumina;
tus íntimos sentires florecen en mi boca,
tu vista está en mis ojos, mira por mí, mi ciega,
mira por mí y camina.

«Estoy ciega», me dices; apóyate en mi brazo
y alumbra con tus ojos nuestra escabrosa senda
perdida en lo futuro;
veré por ti, confía; tu vista es este lazo
que a ti me ató, mis ojos son para ti la prenda
de un caminar seguro.

¿Qué importa que los tuyos no vean el camino,
si dan luz a los míos y me lo alumbran todo
con su tranquila lumbre?
Apóyate en mis hombros, confíate al Destino,
Veré por ti, mi ciega, te apartaré del lodo,
te llevaré a la cumbre.

Y allí, en la luz envuelta, se te abrirán los ojos,
Verás cómo esta senda tras de nosotros lejos,
se pierde en lontananza
y en ella de esta vida los míseros despojos,
y abrírsenos radiante del cielo a los reflejos
lo que es hoy esperanza.
 
Miguel de Unamuno
 
 


 
Subes centelleante de labios y de ojeras!
Por tus venas subo, como un can herido
que busca el refugio de blandas aceras.

Amor, en el mundo tú eres un pecado!
Mi beso en la punta chispeante del cuerno
del diablo; mi beso que es credo sagrado!

Espíritu en el horópter que pasa
¡puro en su blasfemia!
¡el corazón que engendra al cerebro!
que pasa hacia el tuyo, por mi barro triste.
¡Platónico estambre
que existe en el cáliz donde tu alma existe!

¿Algún penitente silencio siniestro?
¿Tú acaso lo escuchas? Inocente flor!
... Y saber que donde no hay un Padrenuestro,
el Amor es un Cristo pecador!


César Vallejo

16 de abril de 2014

Ducha

Hacia la ducha vas semidormida,
equilibrando desnudez y toalla,
te observa impúdico el espejo; calla
su tic-tac el reloj, su marcha olvida.

La sombra, que antes te admiró tendida,
ha invitado a la luz, que ahora avasalla
tus miembros pálidos, y al fin estalla
en abrazo de danza retorcida.

El agua te amará, tan blandamente,
como si una caricia transparente
descolgara su adorno hasta los pies.

Y tus manos, pensadas como mías,
transitarán secretas galerías…,
pero, ay, qué triste quedarás después.

Francisco Álvarez Hidalgo

28 de marzo de 2014

Canto II a Teresa


¿Por qué volvéis a la memoria mía,
Tristes recuerdos del placer perdido,
A aumentar la ansiedad y la agonía
De este desierto corazón herido?
¡Ay!, que de aquellas horas de alegría
Le quedó al corazón sólo un gemido,
¡Y el llanto que al dolor los ojos niegan,
Lágrimas son de hiel que el alma anegan!

 

¿Dónde volaron, ¡ay!, aquellas horas
De juventud, de amor y de ventura,
Regaladas de músicas sonoras,
Adornadas de luz y de hermosura?
Imágenes de oro bullidoras,
Sus alas de carmín y nieve pura,
Al sol de mi esperanza desplegando,
Pasaban, ¡ay!, a mi alrededor cantando.

José de Espronceda


18 de marzo de 2014

Insomnio

Imagen de Anka Zuravleva
 
Noche sureña, cálida, callada,
húmeda noche hundida en inquietudes,
noche en que el sueño en languidez eludes
y a los sueños te entregas desvelada.
 
Ya tu costumbre se durmió cansada
en los brazos de sus ineptitudes,
y ese fiero clamor de multitudes
son tus sentidos a la desbandada.
 
Tal vez la mano sin rubor prometa
la gloria del deseo, tan secreta
que tu mente la niega o la rechaza.
 
Espera, que hacia ti marcha mi sombra,
discreta y lúbrica sobre la alfombra,
y a tu impaciente desnudez se abraza.
 
Francisco Álvarez Hidalgo

11 de marzo de 2014

Eras, instante, tan claro...


Eras, instante, tan claro.
Perdidamente te alejas,
dejando erguido al deseo
con sus vagas ansias tercas.

Siento huir bajo el otoño
pálidas aguas sin fuerza,
mientras se olvidan los árboles
de las hojas que desertan.

La llama tuerce su hastío,
sola su viva presencia,
y la lámpara ya duerme
sobre mis ojos en vela.

Cuán lejano todo. Muertas
las rosas que ayer abrieran,
aunque aliente su secreto
por las verdes alamedas.

Bajo tormentas la playa
será soledad de arena
donde el amor yazca en sueños.
La tierra y el mar lo esperan.


Luis Cernuda

20 de febrero de 2014

Primera vez

Imagen sacada de la red
 
Eras entre mis manos, inesperadamente,
como una sombra tímida, como una lluvia blanda,
como un pájaro tibio. Tu mirada inocente
era umbral de sorpresas que cada roce agranda.

Llegaste como un ángel que hubiera tropezado
sobre el borde impreciso de su nube espumosa,
descubriendo paisajes de que nadie le ha hablado,
y anclado en la fragancia de su primera rosa.

Arropada en silencio y en temblores, querías;
ni tu mente en recelo ni tu piel en rechazo;
se solidificaban las viejas fantasías
en genuino despliegue de arrebatado abrazo.

Tus ojos, que en principio de timidez me hablaban,
fueron gritando audacias, y marginé mis frenos;
y te fui desnudando, paso a paso, y doblaban
campanas en tus venas al liberar los senos.

Ah, qué metamorfosis se operó en ese instante.
La cohibida paloma se transformó en halcón,
la gacela, en pantera, y en decidida amante
la mocita que apenas sabía su lección.

Eras entre mis manos, inesperadamente,
deslumbrador relámpago, tormenta de agua y fuego,
no eras pájaro tibio, sino febril serpiente
cuya espiral me estrecha, en seriedad y en juego.

Francisco Álvarez Hidalgo

17 de febrero de 2014

Dame la mano



Dame la mano y danzaremos;
dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más...

El mismo verso cantaremos,
al mismo paso bailarás.
Como una espiga ondularemos,
como una espiga, y nada más.

Te llamas Rosa y yo Esperanza;
pero tu nombre olvidarás, 

 porque seremos una danza
en la colina y nada más...


Gabriela Mistral 

5 de febrero de 2014

Bienvenida


Se me ocurre que vas a llegar distinta
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más dócil
ni más cauta
tan solo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabes
cómo te pienso y te enumero

después de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco

yo nostalgio
tu nostalgias
y cómo me revienta que él nostalgie

tu rostro es la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros

no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta
como pueblo
y eso te da una lumbre
inapagable
ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales
con nuevas
con hondura
con franqueza

sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas.

 Mario Benedetti

28 de enero de 2014

Acaso....



Como atento no más a mi quimera
no reparaba en torno mío, un día
me sorprendió la fértil primavera
que en todo el ancho campo sonreía.

Brotaban verdes hojas
de las hinchadas yemas del ramaje,
y flores amarillas, blancas, rojas,
alegraban la mancha del paisaje.

Y era una lluvia de saetas de oro,
el sol sobre las frondas juveniles;
del amplio río en el caudal sonoro
se miraban los álamos gentiles.

Tras de tanto camino es la primera
vez que miro brotar la primavera,
dije, y después, declamatoriamente:

?¡Cuán tarde ya para la dicha mía!?
Y luego, al caminar, como quien siente
alas de otra ilusión: ?Y todavía
¡yo alcanzaré mi juventud un día!



Antonio Machado

24 de enero de 2014

Ausencia


Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

Jorge Luis Borges

20 de enero de 2014

No intentemos el amor nunca


Aquella noche el mar no tuvo sueño.
Cansado de contar, siempre contar a tantas olas,
quiso vivir hacia lo lejos,
donde supiera alguien de su color amargo.

Con una voz insomne decía cosas vagas,
barcos entrelazados dulcemente
en un fondo de noche,
o cuerpos siempre pálidos, con su traje de olvido
viajando hacia nada.

Cantaba tempestades, estruendos desbocados
bajo cielos con sombra,
como la sombra misma,
como la sombra siempre
rencorosa de pájaros estrellas.

Su voz atravesando luces, lluvia, frío,
alcanzaba ciudades elevadas a nubes,
cielo Sereno, Colorado, Glaciar del infierno,
todas puras de nieve o de astros caídos
en sus manos de tierra.

Mas el mar se cansaba de esperar las ciudades.
Allí su amor tan sólo era un pretexto vago
con sonrisa de antaño,
ignorado de todos.

Y con sueño de nuevo se volvió lentamente
adonde nadie
sabe de nadie.
Adonde acaba el mundo.

Luis Cernuda

12 de enero de 2014

Tu piel, mi piel

Imagen sacada de la red

Tu piel, tambor bajo el redoble andante
de mis dedos hambrientos, subrepticios,
tu piel, abierta a mansos ejercicios,
tu piel sobre mi piel itinerante.

Mi piel, penetradora y circundante,
en rastreo de arcanos intersticios,
mi piel, que aprende todos los oficios
y en ti los ejercita desbordante.

Tu piel, mi piel, dos planos superpuestos,
en parte idénticos y en parte opuestos,
piezas diversas de íntimo engranaje.

Tu piel, cargado galeón de plata,
mi piel, arrollador barco pirata
lanzado a toda vela al abordaje.

Francisco Hidalgo

24 de diciembre de 2013

Feliz Navidad!!!

Es mi deseo para todos vosotros, que la paz y la felicidad  colmen vuestras vidas.


16 de diciembre de 2013

A una dama bizca y hermosa



Si a una parte miraran solamente 
vuestros ojos, ¿cuál parte no abrasaran? 
Y si a diversas partes no miraran, 
se helaran el ocaso o el Oriente. 

El mirar zambo y zurdo es delincuente; 
vuestras luces izquierdas lo declaran, 
pues con mira engañosa nos disparan 
facinorosa luz, dulce y ardiente. 

Lo que no miran ven, y son despojos 
suyos cuantos los ven, y su conquista 
da a l'alma tantos premios como enojos. 

¿Qué ley, pues, mover pudo al mal jurista 
a que, siendo monarcas los dos ojos, 
los llamase vizcondes de la vista?


Francisco de Quevedo 

11 de diciembre de 2013

¿Qué es tu vida, alma mía?



¿Qué es tu vida, alma mía?, ¿cuál tu pago?, 
¡Lluvia en el lago! 
¿Qué es tu vida, alma mía, tu costumbre? 
¡Viento en la cumbre! 

¿Cómo tu vida, mi alma, se renueva?, 
¡Sombra en la cueva!, 
¡Lluvia en el lago!, 
¡Viento en la cumbre!, 
¡Sombra en la cueva! 

Lágrimas es la lluvia desde el cielo, 
y es el viento sollozo sin partida, 
pesar, la sombra sin ningún consuelo, 
y lluvia y viento y sombra hacen la vida.

Miguel de Unamuno

5 de diciembre de 2013

Amiga, mi larario está vacío



Amiga, mi larario está vacío: 
desde que el fuego del hogar no arde, 
nuestros dioses huyeron ante el frío; 
hoy preside en sus tronos el hastío 
las nupcias del silencio y de la tarde. 

El tiempo destructor no en vano pasa; 
los aleros del patio están en ruinas; 
ya no forman allí su leve casa, 
con paredes convexas de argamasa 
y tapiz del plumón, las golondrinas. 

¡Qué silencio el del piano! Su gemido 
ya no vibra en los ámbitos desiertos; 
los nocturnos y scherzos han huido... 
¡Pobre jaula sin aves! ¡Pobre nido! 
¡Misterioso ataúd de trinos muertos! 

¡Ah, si vieras tu huerto! Ya no hay rosas, 
ni lirios, ni libélulas de seda, 
ni cocuyos de luz, ni mariposas... 
Tiemblan las ramas del rosal, medrosas; 
el viento sopla, la hojarasca rueda. 

Amiga, tu mansión está desierta; 
el musgo verdinegro que decora 
los dinteles ruinosos de la puerta, 
parece una inscripción que dice: ¡Muerta! 
El cierzo pasa, y suspirando: ¡Llora!

Amado Nervo

4 de diciembre de 2013

¡Qué risueño contacto!


¡Qué risueño contacto el de tus ojos, 
ligeros como palomas asustadas a la orilla 
del agua! 
!Qué rápido contacto el de tus ojos 
con mi mirada! 

¿Quién eres tú? !Qué importa! 
A pesar de ti misma, 
hay en tus ojos una breve palabra 
enigmática. 
No quiero saberla. Me gustas 
mirándome de lado, escondida, asustada. 
Así puedo pensar que huyes de algo, 
de mí o de ti, de nada, 
de esas tentaciones que dicen que persiguen 
a la mujer casada.


Jaime Sabines


25 de noviembre de 2013

Mano de obra




A tareas de amor me comprometo
por el solo placer de su ejercicio; 
no aspiro a dignidad ni beneficio,
y al gozo, única norma, me someto.

Trabajo a domicilio, soy discreto,
y la satisfacción es mi servicio;
mi propuesta no exige sacrificio,
pero requiere espíritu y respeto.

Doy preferencia a remodelaciones,
sin rechazar recientes construcciones,
pero aquéllas serán prioridad.

Si la tarea, de índole amatoria,
no resultara asaz satisfactoria,
se hará de nuevo. Aval de calidad.

Francisco Álvarez Hidalgo


15 de noviembre de 2013

Autumnal


En las pálidas tardes 
yerran nubes tranquilas 
en el azul; en las ardientes manos 
se posan las cabezas pensativas. 
¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! 
¡Ah las tristezas íntimas! 
¡Ah el polvo de oro que en el aire flota, 
tras cuyas ondas trémulas se miran 
los ojos tiernos y húmedos, 
las bocas inundadas de sonrisas, 
las crespas cabelleras 
y los dedos de rosa que acarician! 

En las pálidas tardes 
me cuenta un hada amiga 
las historias secretas 
llenas de poesía; 
lo que cantan los pájaros, 
lo que llevan las brisas, 
lo que vaga en las nieblas, 
lo que sueñan las niñas. 

Una vez sentí el ansia 
de una sed infinita. 
Dije al hada amorosa: 
?Quiero en el alma mía 
tener la aspiración honda, profunda, 
inmensa: luz, calor, aroma, vida. 
Ella me dijo: ?¡Ven!? con el acento 
con que hablaría un arpa. En él había 
un divino aroma de esperanza. 
¡Oh sed del ideal! 
Sobre la cima 
de un monte, a medianoche, 
me mostró las estrellas encendidas. 
Era un jardín de oro 
con pétalos de llama que titilan. 
Exclamé: ?Más... 
La aurora 
vino después. La aurora sonreía, 
con la luz en la frente, 
como la joven tímida 
que abre la reja, y la sorprenden luego 
ciertas curiosas, mágicas pupilas. 
Y dije: ?Más...? Sonriendo 
la celeste hada amiga 
prorrumpió: ?¡Y bien! ¡Las flores! 
Y las flores 
estaban frescas, lindas, 
empapadas de olor: la rosa virgen, 
la blanca margarita, 
la azucena gentil y las volúbiles 
que cuelgan de la rama estremecida. 
Y dije: ?Más... 
El viento 
arrastraba rumores, ecos, risas, 
murmullos misteriosos, aleteos, 
músicas nunca oídas. 

El hada entonces me llevó hasta el velo 
que nos cubre las ansias infinitas, 
la inspiración profunda 
y el alma de las liras. 
Y los rasgó. Allí todo era aurora. 
En el fondo se vía 
un bello rostro de mujer. 
¡Oh; nunca, 
Piérides, diréis las sacras dichas 
que en el alma sintiera! 
Con su vaga sonrisa: 
?¿Más?... ?dijo el hada. 
Y yo tenía entonces 
clavadas las pupilas 
en el azul; y en mis ardientes manos 
se posó mi cabeza pensativa...

Rubén Darío

12 de noviembre de 2013

En qué satisfaga un recelo



Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y en tus acciones veía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba.

Y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste,
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos:
pues ya en líquido humor viste y tocaste mi corazón deshecho entre tus manos.


Sor Juana Inés de la Cruz



6 de noviembre de 2013

Amor eterno



Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la tierra
Como un débil cristal.
¡todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.

Gustavo Adolfo Becquer

29 de octubre de 2013

Alma ausente




No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.
 
No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.  
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.
 
El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.

La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.
 
Federico García Lorca