Cosas bonitas

Con las prisas, el camino siempre parece más largo. Pepe

14 de abril de 2015

Abandonados



Tocamos la noche con las manos
escurriéndonos la oscuridad entre los dedos,
sobándola como la piel de una oveja negra.

Nos hemos abandonado al desamor,
al desgano de vivir colectando horas en el vacío,
en los días que se dejan pasar y se vuelven a repetir,
intrascendentes,
sin huellas, ni sol, ni explosiones radiantes de claridad.

Nos hemos abandonado dolorosamente a la soledad,
sintiendo la necesidad del amor por debajo de las uñas,
el hueco de un sacabocados en el pecho,
el recuerdo y el ruido como dentro de un caracol
que ha vivido ya demasiado en una pecera de ciudad
y apenas si lleva el eco del mar en su laberinto de concha.

¿Cómo volver a recapturar el tiempo?

¿Interponerle el cuerpo fuerte del deseo y la angustia,
hacerlo retroceder acobardado
por nuestra inquebrantable decisión?

Pero... quién sabe si podremos recapturar el momento
que perdimos.

Nadie puede predecir el pasado
cuando ya quizás no somos los mismos,
cuando ya quizás hemos olvidado
el nombre de la calle donde
alguna vez pudimos encontrarnos.

Gioconda Belli





2 de marzo de 2015

Esta tarde



Ahora quiero amar algo lejano... 
algún hombre divino 

que sea como un ave por lo dulce, 
que haya habido mujeres infinitas 
y sepa de otras tierras, y florezca 
la palabra en sus labios, perfumada: 
suerte de selva virgen bajo el viento... 

Y quiero amarlo ahora. Está la tarde 
blanda y tranquila como espeso musgo, 
tiembla mi boca y mis dedos finos, 
se deshacen mis trenzas poco a poco. 

Siento un vago rumor... Toda la tierra 
está cantando dulcemente... Lejos 
los bosques se han cargado de corolas, 
desbordan los arroyos de sus cauces 
y las aguas se filtran en la tierra 
así como mis ojos en los ojos 
que estoy soñando embelesada... 

Pero 
ya está bajando el sol de los montes, 
las aves se acurrucan en sus nidos, 
la tarde ha de morir y él está lejos... 
Lejos como este sol que para nunca 
se marcha y me abandona, con las manos 
hundidas en las trenzas, con la boca 
húmeda y temblorosa, con el alma 
sutilizada, ardida en la esperanza 
de este amor infinito que me vuelve 
dulce y hermosa...

Alfonsina Storni

3 de febrero de 2015

De invierno



En invernales horas, mirad a Carolina. 
Medio apelotonada, descansa en el sillón, 
envuelta con su abrigo de marta cibelina 
y no lejos del fuego que brilla en el salón. 

El fino angora blanco junto a ella se reclina, 
rozando con su hocico la falda de Aleçón, 
no lejos de las jarras de porcelana china 
que medio oculta un biombo de seda del Japón. 

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño: 
entro, sin hacer ruido: dejo mi abrigo gris; 
voy a besar su rostro, rosado y halagüeño 

como una rosa roja que fuera flor de lis. 
Abre los ojos; mírame con su mirar risueño, 
y en tanto cae la nieve del cielo de París.

Rubén Darío



22 de enero de 2015

El viento en la isla




El viento es un caballo: 
óyelo cómo corre 
por el mar, por el cielo. 

Quiere llevarme: escucha 
cómo recorre el mundo 
para llevarme lejos. 

Escóndeme en tus brazos 
por esta noche sola, 
mientras la lluvia rompe 
contra el mar y la tierra 
su boca innumerable. 

Escucha como el viento 
me llama galopando 
para llevarme lejos. 

Con tu frente en mi frente, 
con tu boca en mi boca, 
atados nuestros cuerpos 
al amor que nos quema, 
deja que el viento pase 
sin que pueda llevarme. 

Deja que el viento corra 
coronado de espuma, 
que me llame y me busque 
galopando en la sombra, 
mientras yo, sumergido 
bajo tus grandes ojos, 
por esta noche sola 
descansaré, amor mío.


Pablo Neruda

20 de enero de 2015

Amor de tarde



Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.


Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.



Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.

Mario Benedetti

18 de diciembre de 2014

Epitelio

Empiezo a recordar serenamente
secretos que hasta aquí, nos han traído
ahora que los siempres ya se han ido
los nuncas vivirán eternamente.

Ahora que tus ojos transparentes,
abiertos a la luz, han preferido
dejar que tú epitelio mal herido
barra todo misterio de tu mente,

Qué rabiosa te llevaba hacia el dolor
al escondido paraíso en ese infierno
de abrazar mi frenesí para perderlo.

Y ante el acaso del trémulo pavor,
de transitar por el frío de tu averno,
quise no ser, no estar, para no verlo.


Juan Uceda




12 de diciembre de 2014

Feliz Navidad







Gracias  Abata por tu diseño

9 de diciembre de 2014

Muestras de pésame




   El poeta Francisco Álvarez Hidalgo, natural de los Corrales de Buelna (Cantabria), ha fallecido en accidente de circulación, desde ésta página quiero dar mi más sentido pésame a su familia, os pongo unos enlaces de sus páginas. Que en paz descanse.

http://www.yasminita.com/biohidalgo/biohidalgo.htm



http://poesiadelmomento.com
http://poesiadelmomento.com/postales/indice.html
http://poesiadelmomento.com/breverias/index.html
http://poesiadelmomento.com/erotica/frames.html

Aislamiento



Eres, en parte, una entidad completa,
sujeto indivisible, soberano;
y también eres, como ser humano,
limitación, a los demás sujeta.
 
¿A qué tu reclusión? No eres asceta
confinado al desierto, o ciudadano
de abrupta isla perdida; eres hermano
de quien te vilipendia o te respeta.
 
Aislarse es dimitir de obligaciones
impuestas al nacer, como eslabones
que somos de ecuménica cadena.
 
Vibre tu voz en todos los oídos,
presta atención a cantos y quejidos,
sé campo abierto, no abstraída almena.

Francisco Álvarez Hidalgo





4 de diciembre de 2014

El celaje



¿A dónde fuiste, amor; a dónde fuiste?
Se extinguió en el poniente el manso fuego,
y tú que me decías: "Hasta luego,
volveré por la noche"... ¡No volviste!

¿En que zarzas tu pie divino heriste?
¿Que muro cruel te ensordeció a mi ruego?
¿Que nieve supo congelar tu apego
y a tu memoria hurtar mi imagen triste?

¡Amor, ya no vendrás! En vano, ansioso,
de mi balcón atalayando vivo
el campo verde y el confín brumoso.

Y me finge un celaje fugitivo
nave de luz en que, al final reposo,
va tu dulce fantasma pensativo.

Amado Nervo

26 de noviembre de 2014

Cuerpo de mujer



Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
Te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
Y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros,
y en mi la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirnos te forjé como un arma,
Como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme,
¡Ah, los vasos del pecho! ¡Ah, los ojos de ausencia!
¡Ah, las rosas del pubis! ¡Ah, tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
¡Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces desde la sed eterna sigue,
Y la fatiga sigue, y el dolor infinito.


Pablo Neruda

25 de noviembre de 2014

Soneto XXIII



En tanto que de rosa y de azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

Garcilaso de La Vega

20 de noviembre de 2014

Preludio



Mientras la sombra pasa de un santo amor, hoy quiero
poner un dulce salmo sobre mi viejo atril.
Acordaré las notas del òrgano severo
al suspirar fragante del pífano de abril.


Madurarán su aroma las pomas otoñales;
la mirra y el incienso salmodiarán su olor;
exhalarán su fresco perfume los rosales,
bajo la paz en sombra del tibio huerto en flor.


Al grave acorde lento de música y aroma,
la sola y vieja y noble razòn de mi rezar
levantará su vuelo süave de paloma,
y la palabra blanca se elevará al altar.


Antonio Machado

19 de noviembre de 2014

A un sueño



Varia imaginación que, en mil intentos,
A pesar gastas de tu triste dueño
La dulce munición del blando sueño,
Alimentando vanos pensamientos.


Pues traes los espíritus atentos
Sólo a representarme el grave ceño
Del rostro dulcemente zahareño
(Gloriosa suspensión de mis tormentos).


El sueño (autor de representaciones),
En su teatro, sobre el viento armado,
Sombras suele vestir de bulto bello.


Síguele; mostraráte el rostro amado,
Y engañarán un rato tus pasiones
Dos bienes, que serán dormir y vello.


Luis de Góngora y Argote

5 de noviembre de 2014

Procura desmentir los elogios



Éste que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;


éste en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido:


es un vano artificio del cuidado;
es una flor al viento delicada;
es un resguardo inútil para el hado;


es una necia diligencia errada;
es un afán caduco, y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.


Sor Juana Inés de la Cruz

3 de noviembre de 2014

Si tú me olvidas



QUIERO que sepas
una cosa.

Tú sabes cómo es esto:
si miro
la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco
junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.


Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.


Si de pronto
me olvidas
no me busques,
que ya te habré olvidado.


Si consideras largo y loco
el viento de banderas
que pasa por mi vida
y te decides
a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa
que en ese día,
a esa hora
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra.


Pero
si cada día,
cada hora
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.
Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.


Pablo Neruda

2 de noviembre de 2014

Cuando estuve en el mar, era marino....


Cuando estuve en el mar era marino
este dolor sin prisas.
Dame ahora tu boca:
me la quiero comer con tu sonrisa.


Cuando estuve en el cielo era celeste
este dolor urgente.
Dame ahora tu alma:
quiero clavarle el diente.


No me des nada, amor, no me des nada:
yo te tomo en el viento,
te tomo del arroyo de la sombra,
del giro de la luz y del silencio,


de la piel de las cosas
y de la sangre con que subo al tiempo.
Tú eres un surtidor aunque no quieras
y  yo soy el sediento.


No me hables, si quieres, no me toques,
no me conozcas más, yo ya no existo.
Yo soy sólo la vida que te acosa
y tú eres la muerte que resisto.

Jaime Sabines

2 de octubre de 2014

Cuento de otoño





   Una luna pálida, llena y fría se baña en la mar. Su reflejo de plata dibuja el contorno de los amantes en la orilla. Sopla un suave sur que alborota su melena. Dos cuerpos unidos cubiertos por leves linos. Él la rodea con sus brazos y detiene el tiempo para ella. Ella le dibuja una sonrisa.
   Se consume el tabaco de un cigarrillo y la noche se llena de palabras, de vocablos sin sentido, porque están huecas, son vanas y vacías. Ella tiembla y él se desabrocha la camisa. Muestra convencido el pecho desnudo y coloca suavemente la mano de ella sobre su torso. Ella le mira y llora con lagrimas secas que ruedan hacia adentro y van dejando un surco de sal. Él ronronea por una caricia y el deseo de ella estalla en mil pedazos, se rompe, entrecorta su respiración y encadena el dolor en su vientre.
   La noche se llena con una sola palabra: Miedo. Y ella que nunca pidió nada, que dio sin recibir a cambio, por fin comprende que tras años de caminar a su lado él solo vaciaba su cuerpo y ella nunca pudo llenar su alma.

Anónimo

22 de septiembre de 2014

Sed de tí

Imagen sacada de la red

Sed de ti me acosa en las noches hambrientas.
Trémula mano roja que hasta su vida se alza.
Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía.


Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas......

Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.
Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.


Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.
Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.
Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.


Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.
Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.

La boca tiene sed, para qué están tus besos.


El alma está incendiada de estas brasas que te aman.
El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.
De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.
Y en ella se aniquila como el agua en el fuego.


Pablo Neruda

10 de agosto de 2014

Boca de llanto

 
 
Boca de llanto, me llaman
tus pupilas negras,
me reclaman. Tus labios
sin ti me besan.
¡Cómo has podido tener
la misma mirada negra
con esos ojos
que ahora llevas!

Sonreíste. ¡Qué silencio,
qué falta de fiesta!
¡Cómo me puse a buscarte
en tu sonrisa, cabeza
de tierra,
labios de tristeza!

No lloras, no llorarías
aunque quisieras;
tienes el rostro apagado
de las ciegas.

Puedes reír. Yo te dejo
reír, aunque no puedas.
 
Jaime Sabines

8 de agosto de 2014

Añoranza

Sacada de la página del autor.

 
Añorarte a diario es mi tarea,
envidiable quehacer el que mantengo;
de la mente al sentido voy y vengo,
te piensa aquélla y éste te desea.

Mi imperceptible abrazo te bordea,
e indefinidamente te retengo
para obtener de ti lo que no obtengo,
contacto, impulso, todo pura idea.

De mis dos corazones, el primero
no cesa de sangrar, mientras espero
la fecha en que el destino nos reúna.

El otro corazón, el subalterno,
late también por ti, tiene su infierno
de inútil rigidez inoportuna.

Francisco Álvarez Hidalgo

9 de julio de 2014

Momentos



  • Sólo lee y déjate llevar, siente la avidez y la profunda necesidad de tocar, usa tu imaginación y.... tras leerlo cierra tus cautivadores ojos oscuros y deja que mis palabras te acaricien.
    Estoy a tu lado. Percibo el olor especiado de tu piel. Siente mis manos quitándote la chaqueta y mis dedos enredando en el nudo de tu corbata.... Me gusta juguetear con ella, la deslizo por mi cuello, dejo que me beses. Mi cuerpo llama al tuyo.
    Mis uñas curiosas desabrochan los botones de tu camisa, dibujan caracolas de mar en tu pecho y tu vientre. La rigidez de tu sólido cuerpo no puede evitar que me aferre a tus hombros, ansiosa y desesperada por sentirte. Mi aliento calienta tu nuca y mi boca, ávida, recorre tu cuello.... Sujeto tu pelo mientras mi pulgar se detiene acariaciando tus labios. Mi lengua aprende todos sus ángulos. Me detengo en tu boca, llena y expresiva, creada para dar besos largos y abrasadores. Las lenguas se unen y se aprenden, se incendian los cuerpos. Los dientes delimitan fronteras que deseamos romper, los sabores se mezclan, la piel brilla, el pecho jadea... Las manos tiemblan, se deslizan sinuosas por tu espalda, cierro los ojos y la memorizo. Siento la tibia suavidad de tus pezones erectos, los dibujo con mi lengua, trazo círculos concéntricos y los lamo, los acaricio. Un torrente de fuego recorre mis venas. Percibo un deseo voraz en tus profundidades oscuras. Me gusta el olor de tu piel, el sabor de tus besos, las lineas que delimitan tu ser, la curva de tus hombros Siento tu virilidad contra mi cuerpo, crece, me llama, solicita mis caricias, arde, quiere mis labios a su lado y mi lengua descubriéndola. Jadeas cuando deslizo mi mano desde el pecho a la cintura... cuando me detengo en la cara interna de tus muslos y espero. Contraes todos tus músculos.....
    Por hoy es suficiente. La atracción que despiertas en mí va contra la razón. ¡Hace tanto tiempo que no me atrevo a cerrar los ojos con un hombre a mi lado! Te deseo con desesperación. Tal vez mañana continúe el relato e imagine cómo acaba.


    Anónimo

3 de julio de 2014

Después de todo -pero después de todo-...

Costa de Laredo en Cantabria (España)

Después de todo -pero después de todo-
sólo se trata de acostarse juntos,
se trata de la carne,
de los cuerpos desnudos,
lámpara de la muerte en el mundo.

Gloria degollada, sobreviviente
del tiempo sordomudo,
mezquina paga de los que mueren juntos.

A la miseria del placer, eternidad,
condenaste la búsqueda, al injusto
fracaso encadenaste sed,
clavaste el corazón a un muro.

Se trata de mi cuerpo al que bendigo,
contra el que lucho,
el que ha de darme todo
en un silencio robusto
y el que se muere y mata a menudo.

Soledad, márcame con tu pie desnudo,
aprieta mi corazón como las uvas
y lléname la boca con su licor maduro.
Jaime Sabines

12 de junio de 2014

Mis interiores



El duende de tu deseo se asoma a mi ventana, está abierta esperándote, te siento cerca, cada vez más. Levantas las sábanas y me encuentras desnuda. Tu mirada lasciva me despierta. Gimo al sentir una mano cálida y fuerte que se desliza hacia mi cadera,mi cuerpo está enfebrecido por la necesidad. Nunca experimenté algo tan maravillosos como la sensación de tu cuerpo, deliciosamente duro, moviéndose sinuosamente contra el mío. El deseo se acrecienta. Recuerdo besos salvajes y ardientes y sin embargo extrañamente tiernos. Disfruto del agradable sabor de tu piel y saboreo la delicia de tu boca. Siento la contracción de tus músculos bajo mis manos. Te contemplo con avidez evidente. Seré tuya, susurro mientras nuestros cuerpos ruedan sin dejar de abrazarnos y tendida de espaldas te siento sobre mí. Me recorres con una mirada hambrienta y alzas tus manos hasta cubrir mis pechos. Me incitas con tus besos, muerdes mis labios ansiando mi lengua. Un suspiro escapa de mi garganta cuando tu mano se acerca para dibujar el costado de mi cuerpo y se pierde en su centro. Tus dedos me acarician, me penetran y hacen que arda, trazan círculos avivando un fuego que amenaza con consumirme. Abandonas mi boca por un instante, sólo para que pueda decirte cuánto te deseo. Deseo tenerte dentro y compartir contigo toda mi intimidad, me muerdo los labios con impaciencia. Hay heridas que se curan pronto, mas las cicatrices que dejas en mi cuerpo son eternas, nada ni nadie puede evitar que mi mente viaje a tu lado y se deje acariciar por tí. Me pongo de puntillas, quiero ver tus ojos frente a los míos. Me arden los labios por el deseo de besarte y me duelen las manos por el ansia de cariciar tu cuerpo. He despertado la bestia hambrienta que moraba en tu interior, esa parte tuya que ruge y me devora de la cabeza a los pies, centímetro a centímetro. Y me enloquece. Tu pecho se arquea para acoplarse en mi espalda, tus dedos trazan lineas infinitas en mi vientre. Pasas la noche conmigo, me abrazas y cuidas que mi sueño no se vea alterado por nadie. Me proteges. Y con las primeras luces del alba desapareces. Y quedo esperando que la misma armonía, con la que rectas y curvas se ordenan para crear tus proyectos, se detenga en tu mano para que me regales tus pensamientos.

Anónimo

11 de junio de 2014

Casida de la muchacha dorada



La muchacha dorada
se bañaba en el agua
y el agua se doraba.

Las algas y las ramas
en sombra la asombraban
y el ruiseñor cantaba
por la muchacha blanca.

Vino la noche clara,
turbia de plata mata,
con peladas montañas
bajo la brisa parda.

La muchacha mojada
era blanca en el agua,
y el agua, llamarada.

Vino el alba sin mancha,
con mil caras de vaca,
yerta y amortajada
con heladas guirnaldas.

La muchacha de lágrimas
se bañaba entre llamas,
y el ruiseñor lloraba
con las alas quemadas.

La muchacha dorada
era una blanca garza
y el agua la doraba.


Federico García Lorca